Sobre la relación Iglesia - Estado
por la Dra. Gabriela Alejandra Martínez (*)
En el marco de la Convención Reformadora de la Constitución de la provincia de Santa Fe, en el debate sobre su artículo número 3, nuestro bloque presenta una propuesta de redacción en igual sentido a la de la provincia de Córdoba, donde proponemos que la provincia de Santa Fe reconozca y garantice a la Iglesia Católica Apostólica y Romana el libre y público ejercicio de su culto, donde las relaciones entre ésta y el Estado se basen en los principios de autonomía y cooperación, al igual que garantice a los demás cultos su libre y público ejercicio sin más limitaciones en las que prescriban la moral, las buenas costumbres y el orden público.
En este sentido voy a hablar a título personal, ya que quiero compartir el sentimiento de los fieles de la Iglesia Católica que forman parte de mi querida comunidad del Colegio Sagrado Corazón de Rosario, una institución a la que estamos profundamente ligados tres de los convencionales aquí presentes, en calidad de padres de alumnos.
Y también hablo en memoria del padre Bruno Ierullo, rector del Colegio desde 1978 a 1990, que supo llevar el Evangelio con la palabra y con el cuerpo donde fuese necesario, con la humildad y la sencillez como único equipaje. Él fue un sacerdote de la orden betharramita, que supo guiar a muchos jóvenes desde su misión pastoral siguiendo los pasos de San Miguel Garicoits. Durante toda esta semana he recibido mensajes en los grupos virtuales de mis hijos solicitando que este artículo 3 de la Constitución no sea modificado e instaban a los convencionales que así no lo hagan. Desde el lugar que me toca hoy, como católica y madre de Tomás, Facundo, Felipe y Lola, alumnos y ex alumnos del querido colegio Sagrado Corazón, que nos acompaña como familia durante más de 25 años, me puse a pensar qué diría el padre Bruno en esta Convención Reformadora y para ello consulté a varios ex alumnos, padres de alumnos y docentes sobre este tema para traer su palabra aquí.
Un padre me manifestó que, después de enojarse, el padre Bruno seguramente nos diría que los colegios católicos fueron y siguen siendo un marco de contención para los jóvenes, dándoles un marco de crecimiento; que la asistencia social de la Iglesia es enorme y que no podemos dejarla pasar; que siempre necesitamos en quién creer, jurar o tener fe; que la Iglesia y los colegios católicos son una referencia de una enorme parte de nuestra sociedad y que desconocer esto sería negar una realidad, tal vez para para evadir una “verdad incómoda”.
Quizás pensamos que esto es una discusión de siglos pasados, pero sepan que hay muchos jóvenes que están a favor de este artículo. Tomás Echenique, de 21 años, me aporta con sus palabras que reconocer a la Iglesia Católica como religión oficial de la provincia no otorga un privilegio injustificado ni vulnera la libertad religiosa, más bien hace justicia a una realidad histórica donde la fe católica está presente en el corazón de la vida pública y enriquece a la sociedad con una presencia que difícilmente alguien puede menospreciar sin incurrir en la falsedad o en el engaño.
Todos los mensajes que recibo coinciden en una misma realidad: las acciones que la Iglesia lleva a cabo en nuestro territorio son fundamentales para el desarrollo de una parte significativa de la población. Templos católicos y parroquias en cada localidad, colegios por todos los rincones de la provincia, presencia con la pastoral en cárceles, hospitales y centros de ayuda, actividades sociales y caritativas, promoción de la vida familiar, diversidad de obras en beneficio de los ciudadanos, santos que dan nombre a nuestras ciudades y celebraciones que siguen marcando el calendario son huellas de una identidad. No se trata de imponer una creencia, sino de reconocer objetivamente nuestra realidad santafesina, por eso duele hoy que algunos convencionales se resistan a sostener este reconocimiento. No hacerlo es desconocer la memoria de muchísimos pueblos y ciudades la mayoría en Santa Fe que fueron fundados en torno de la Cruz y al templo católico y menospreciar la labor de numerosas comunidades religiosas católicas, que muchos lugares honrando su ocupan se ocupan de la educación y de la salud y de promoción de la dignidad humana, desde épocas donde el Estado aún estaba ausente, continuando hoy subsidiando su obra.
Vaciar de contenido el artículo 3 que estamos debatiendo no es neutralidad, es un acto de injusticia que borra una parte esencial de nuestra historia común, es atentar contra la verdadera identidad de Santa Fe dando a luz una constitución sin memoria. Reconocer a la iglesia católica en nuestra Constitución no es un acto de favoritismo, es hacer lo correcto, es lo justo, es dar testimonio de la verdad histórica, de una identidad social, cultural y religiosa. Si suprimen este artículo, manifiesto mi voto negativo ya que los fieles que componemos la Iglesia no somos monedas de cambio. Que la cuenten como quieren, pero hoy quieren aceptar que estemos en una clasificación y no en el lugar que por historia nos corresponde.
Muchas gracias, señor presidente.
(*) la Dra. Gabriela Alejandra Martínez es Convencional para la Reforma de la Constitución de la Provincia de Santa Fe, año 2025. Este discurso se pronunció en la sesión del 6 de setiembre de 2025.